El peso y la cercanía del cuerpo al piso desde otro lugar abren caminos nuevos donde el instrumento de acción adquiere belleza propia. Tomar un pincel y pintar no se trata únicamente de observar la obra final, sino de habitar el proceso de creación, un proceso vivo que evoluciona constantemente y jamás vuelve a ser igual. Pintar en movimiento transforma la pintura en algo imposible de permanecer estático.
El arte es parte de mi ritual cotidiano. A través de distintas disciplinas busco expandir sus posibilidades, diversificarlo y generar nuevas formas de conexión con el mundo que habitamos. La maleabilidad de mi cuerpo me lleva a experimentar con elementos que inspiran nuevas ideas; al colgarme me desplazo hacia el espacio aéreo, donde las posibilidades del movimiento se amplían y el uso de la pintura crea un sinfín de texturas, colores y mezclas.
Soy curiosa y extremista. He explorado distintas maneras de colgar, mover y colocar mi cuerpo, abriéndome a nuevas perspectivas para observar y cuestionar mi existencia y la de los demás desde espacios poco comunes.

